¿Tu perro lo sabe? El mío no, pero igual lo amo.

Actualizado: 29 jun



Yo tuve la suerte de crecer con mascotas alrededor, bien sea en mi casa o en casa de mis abuelos o familiares siempre había una mascota a quien acariciar y cuidar. A pesar de lo alérgica que era, mi mamá sabiamente le hizo caso al pediatra cuando desde que yo era pequeña le dijo que podía juntarme con perros para poder adquirir anticuerpos y dejar atrás las alergias a los animales.


Te cuento esto porque quiero ponerte en contexto de la maravillosa y curativa experiencia que ha sido para mi la vida rodeada de estos peludos encantadores.


Logré no sólo dejar las alergias atrás con el contacto constante que tenía con ellos sino que también he logrado entender que ciertos comportamientos, miradas y hasta ladridos, tiene un significado y con ellos los perros expresan su forma de apoyarte o de que los ayudes. Ninguno dejó nunca de impresionarme.


De pequeña tuve uno que el pobre siempre tenía miedo, vivía temblando, sólo estaba relajado cuando estábamos únicamente: mi mama, mi hermana y yo en casa; sonaba el timbre de la puerta y el pobre salía disparado a debajo de la cama del miedo, cuando lo sacaba a pasear y alguien se acercaba a saludar, literalmente se hacia encima del miedo, aun pienso que de pequeño debió sufrir algún trauma y por ello siempre traté de hacerlo sentir protegido y amado.


Luego tuvimos otro un poco más valiente, ladraba a cualquier persona o cosa que pasara, no le gustaba que lo cargaran porque gruñía, me pedía que lo sacara a pasear cada 5 minutos, le encantaba el agua, la playa, que le pegara el viento en la cara cuando estaba en el carro, pero sufría de mal humor.


En fin, todos tenían algo en común: si yo estaba feliz ellos movían la cola y querían jugar, si en cambio yo estaba triste, ellos no se separaban de mi lado. Eso me hizo pensar que lo que comenta la gente de que los perros pueden percibir emociones de sus dueños era cierto, incluso he escuchado de algunos que les dan las mismas enfermedades que sus dueños.


Al punto al que quiero llegar con todo esto, es que justo cuando la vida me estaba dando un saco de lecciones que aprender, me tocó estar con el más maravilloso, inteligente, independiente, hermoso y desinteresado perro que jamás había tenido.


Si, leíste bien, “desinteresado”. A Weepu (mi perro) no le importa si llueve, truena, si hay fuegos artificiales, si tembló, si yo estoy feliz, ansiosa o llorando, él simplemente está ahí siendo el, cual gato arisco….


(con el perdón de los gatos, ellos saben que son así y nos les importa)


Pero…


Eso decía yo antes, antes de esta crisis de soledad/ansiedad por la que pasé, en la que con bajones y subidas de emociones pude finalmente comprender que mi perro no era desinteresado o insensible, simplemente los llantos anteriores sólo eran percepciones incorrectas que se transformaban en demostraciones de sentimientos incorrectos, pero cuando realmente lo necesité, él simplemente supo estar, supo que hacer, supo cómo calmarme y como demostrarme que pase lo que pase es importante vivir el momento, no abandonar a los tuyos, porque ellos te necesitan igual que tu a ellos, a que a pesar de como me sienta él tiene que salir, el tiene que comer y es mi responsabilidad hacer que el coma y salga hacer sus cosas. Así como es mi responsabilidad comer, y cuidar de mi.


Weepu fue muy terapéutico en momentos difíciles, el ejercicio libera 50 hormonas diferentes entre las que se encuentran las hormonas de la felicidad: en cada paseo, Weepu me halaba y pedía que caminara más y más y más. Comía y bebía más de lo normal, lo que me obligaba a estar pendiente de sus platos, haciéndome parar de la cama aunque yo no quisiera, me obligaba e enfocarme y pensar en otra cosa. En las noches cuando me invadía el insomnio se subía a la cama y se acurrucaba conmigo hasta que yo me quedaba dormida y ya luego se bajaba. Fueron muchas cosas, muchos gestos, ladridos, acciones que siempre llevaban a la misma conclusión: distraer mi mente de pensamientos que no eran buenos para mi.


Me creerías si te dijera que él en sus 10 años de vida nunca había hecho nada parecido? Al principio no le paraba y no me daba cuenta, simplemente hacía las cosas como “acción y reacción” pero con el pasar de los días y conforme iba superando esa dura etapa, me di cuenta de lo bendecida que fui de contar con un perro tan sabio como él. Supo exactamente qué hacer en el momento exacto.


Increíble ¿no?

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